La cuarta entrada la dedico a Antonio Machado, nació en Sevilla el 1875 y su vida se caracteriza por la evolución hacia la generación del 98. Su obra nos muestra el reflejo de España en decadencia tanto cultural como político que tanto preocupó a los intelectuales contemporáneos.
En sus obras usa una símbolos personales como el viajero, el camino, la fuente, la luz, la tarde, las moscas, el agua que fluye, la noria… y crea una nueva estrofa, la silva arromanzada, compuesta por versos imparisílabos de arte mayor y menor, incluidos alejandrinos de 7 + 7, con rima asonante en los pares.
En algunos de sus escritos vemos reflejado su mayor percance, la muerte de Leonor, su primer amor, mucho más joven que él, ella tenía 15 años y él 34.
El poema que yo he escoguido es; Era un niño que soñaba con un caballo de cartón…
En este poema hay el contraste de los sueños con la realidad. En los sueños no tenemos límites en canbio en la realidad no hay la libertad de querer y poder, porque no siempre querer es poder y en canvio en los sueños , que es en la circunstancia que tu mente traza con un lápiz sin encontrar límite a la hoja, todo lo que se quiere, se puede.
También podríamos entenderlo como la ilusión y el fracaso, soñar y despertarse. Al despertarse y abrir los ojos, el mundo de los sueños que era blanco y puro como el caballo que el niño soñaba pasa a ser gris e irreal como la vida misma y su rutina diaria.
Sentir que ya lo tienes y después ves que todo era un engaño, que no lo tienes, que era simplemente un casi, el fracaso, la decepción. Y volviendo a sentir que la vida no es un cuento de hadas.
Una vez crees que ya no puedes realizar tus deseos y ya no crees en tus metas ni ilusiones, ya pierdes la fuerza que permite levantarte cada día y mirarte al espejo y decir; hoy voy a por todas. Sin embargo, en estas circunstancias piensas; un día más, espero que vaya bien.
Suerte o no, todo tiene un principio y un final, esta angustia se marchita y descubre otro estímulo para seguir adelante y no querer que llegue el final.
Este estímulo o preocupación, no sé, como queráis decirlo, fue el amor, aunque aún no sepa si es real o no, ese fue. Él debía pensar que era real, debido a que tanto le deslumbraba que no podía creérselo y temía llegar a frustarse algún día.Se encontraba asombrado de hacer realidad un sueño, el amor. Podría tratarlo como sueño debido a que lo trata en el poema como tal, apareciendo una leve increadulidad respeto al anterior sueño, el caballo blanco.
Como antes ya he nombrado, todo tiene un final, seguramente aceptado con resignación, ya que la muerte se le apareció y sin luchar asintió.
Cuando me lo contaron sentí el frío
